No hay una cifra única, pero sí factores claros que mueven el precio. Qué encarece un proyecto, qué costes aparecen después y cómo pedir un presupuesto que puedas comparar.
La respuesta corta
Depende. Ya sabemos que es la respuesta que nadie quiere oír. Pero entre una página para dar a conocer tu negocio y una plataforma donde cientos de personas compran, venden y se escriben mensajes, el trabajo puede pasar de unas semanas a varios meses. Y el precio sigue al trabajo.
Lo útil es saber de qué depende. Con eso puedes calcular si tu idea es pequeña, mediana o grande, y comparar presupuestos sabiendo qué estás comparando.
Primero: qué tipo de proyecto tienes
De menos a más trabajo:
- Web informativa. Unas pocas páginas para presentar tu negocio: quién eres, qué ofreces y cómo contactarte. Es lo más rápido de construir.
- Web con panel de gestión. Lo mismo, pero tu equipo puede publicar noticias, cambiar precios o subir fotos sin depender de un programador.
- Catálogo o tienda online. Productos, categorías, fotos y una forma de hacer pedidos. Aquí empieza a importar cómo cobras.
- Plataforma con usuarios. Cuentas, perfiles, roles distintos (cliente, vendedor, administrador) y mensajes entre usuarios. Un marketplace, un portal de empleo o un sistema de reservas entran aquí.
- App móvil. Para Android, o para Android e iPhone a la vez con una sola base de código. Casi siempre necesita también un servidor y un panel de administración detrás.
- Sistema de gestión interno. El software que tu equipo usa cada día: alumnos y notas en un colegio, ventas y caja en un comercio, inventario en un almacén.
Como referencia de plazos, en BKLN una web lleva de 2 a 12 semanas según el alcance, y una app móvil de 4 a 16. La horquilla es amplia porque dentro de cada tipo hay proyectos muy distintos.
Lo que más mueve el precio
Dentro de un mismo tipo de proyecto, estas preguntas son las que hacen subir o bajar el presupuesto:
- ¿Cuántas pantallas y flujos? No es lo mismo un formulario de contacto que un proceso de compra con carrito, pago y seguimiento del pedido.
- ¿Cuántos tipos de usuario? Cada rol tiene sus pantallas y sus permisos. Un portal con empresas, candidatos y administradores es casi como hacer tres aplicaciones.
- ¿Hay que cobrar dentro de la plataforma? Los pagos añaden trabajo, pruebas y responsabilidad.
- ¿Se conecta con otros servicios? WhatsApp, SMS, mapas, correo o el programa de contabilidad que ya usas. Cada conexión es una pieza más que construir y mantener.
- ¿Diseño propio o adaptado? Un diseño hecho a medida para tu marca lleva más tiempo que partir de una base que ya existe.
- ¿Tiene que funcionar sin internet? Una app que guarda los datos en el teléfono y los sincroniza cuando vuelve la conexión es más compleja que una que siempre está conectada.
Lo que cambia al construir para Guinea Ecuatorial
Hay decisiones que en otros mercados casi no se plantean y aquí sí:
- Cobrar sin tarjeta. Mucha gente no paga con tarjeta bancaria. Una solución habitual es que el cliente pague por transferencia, en efectivo o por el móvil, y que alguien active el servicio desde un panel de administración. Es más sencillo que integrar una pasarela de pago, pero hay que diseñarlo bien desde el principio.
- Conexión irregular. Si tus usuarios entran con datos móviles y la cobertura va y viene, la web tiene que ser ligera y la app tiene que saber esperar. Prepararlo cuesta algo más; no hacerlo cuesta clientes.
- El móvil, primero. La mayoría de tus clientes te verá desde un teléfono Android, no desde un ordenador. El diseño tiene que pensarse primero para esa pantalla.
- Idiomas. Si además vendes en Camerún o Gabón, el francés no es opcional. Traducir una plataforma ya terminada sale más caro que prepararla para varios idiomas desde el inicio.
- Soporte cercano. Instalar un sistema en un colegio o en una oficina y formar al personal en persona también es trabajo, y el presupuesto debería decirlo.
Los costes que no salen en el primer presupuesto
El desarrollo no es el único gasto. Pregunta siempre por estos:
- Dominio y alojamiento. Se pagan cada año. Son pequeños para una web informativa y crecen con el tráfico y el número de usuarios.
- Servicios de terceros. Enviar SMS, usar la API de WhatsApp Business o un modelo de inteligencia artificial tiene un coste por uso que paga el propietario del proyecto.
- Publicar en Google Play. Google cobra una cuota de registro como desarrollador, y la app tiene que cumplir sus normas para que la aprueben.
- Mantenimiento. Corregir errores, actualizar componentes y adaptar la app a nuevas versiones de Android. Un software sin mantenimiento se va estropeando aunque nadie lo toque.
- Formación. Si tu equipo no sabe usar la herramienta, no la va a usar.
Cómo gastar menos sin acabar con un mal producto
- Empieza por lo imprescindible. Una primera versión con solo lo que necesitas para operar (lo que se suele llamar MVP) te deja lanzar antes y gastar menos. El resto se añade cuando sepas qué piden tus usuarios.
- Puede que no necesites una app. Una web bien hecha para móvil se abre sin instalar nada y a veces cubre lo mismo por bastante menos.
- Aprovecha lo que ya existe. Si un producto ya hecho cubre la mayor parte de lo que buscas, adaptarlo suele salir mejor que construirlo desde cero.
- Decide antes de empezar. Los cambios a mitad de proyecto son lo que más encarece. Dedicar unos días a definir bien el alcance ahorra semanas después.
Qué debe incluir un buen presupuesto
Antes de firmar, comprueba que tienes por escrito:
- El alcance: qué pantallas y funciones entran y, tan importante como eso, cuáles no.
- Los plazos por fases, con entregas que puedas ver y probar.
- Los pagos por hitos, ligados a esas entregas.
- De quién es el código al terminar. Debería ser tuyo.
- El soporte después del lanzamiento: cuánto dura y qué cubre.
- Los costes recurrentes: alojamiento, servicios externos y mantenimiento.
Señales de alarma
Desconfía si te dan un precio cerrado sin preguntarte nada sobre tu negocio, si no hay nada por escrito, si el código y las cuentas quedan a nombre del proveedor o si no te entregan documentación. Lo barato sale caro cuando hay que rehacer el proyecto.
¿Y en tu caso?
Cuéntanos qué quieres construir, para quién y en qué plazo. Te respondemos con una estimación de alcance, tecnología y presupuesto, sin compromiso.